Dolores Mo帽os Altos, que
siempre ten铆a una frase lista para cada desgracia ajena, murmur贸 mientras tej铆a
una bufanda color “verg眉enza ajena profunda”:
—Este muchacho no es que tenga el
cerebro corrugado… es que lo tiene plegado
en origami y mal hecho.
Don Bigotes, desde su posici贸n
elevada de autoridad felina, solt贸 un maullido que el barrio interpret贸 como: “Si
este vuelve a declararse, yo mismo le tiro del tejado.”
Despu茅s del tijeretazo verbal
de Berengaria, Rumualdo intent贸 recuperar la dignidad… sin 茅xito. Primero trat贸
de apoyarse en una farola, pero la farola, al sentir el contacto, decidi贸
apagarse por pura autoprotecci贸n. Luego intent贸 sonre铆r, pero la sonrisa le
sali贸 tan torcida que un ni帽o peque帽o le pregunt贸 si estaba haciendo un truco
de magia o si necesitaba asistencia m茅dica.
Un vendedor ambulante se le
acerc贸 y le ofreci贸 un llavero con forma de tri谩ngulo.
—Para que te sientas
representado —le dijo.
Rumualdo lo acept贸 con
solemnidad, como quien recibe un diploma por participar en una cat谩strofe.
Mientras tanto, desde un
balc贸n, una vecina grit贸:
— ¡Rumualdo, cari帽o, si te
doblas un poco m谩s te van a usar de posavasos!
Y el barrio entero estall贸 en
risas, no por maldad, sino porque Rumualdo, sin querer, era el mejor espect谩culo
de la fiesta.
Despu茅s del tijeretazo
emocional de Berengaria, decidi贸 que lo mejor era sonre铆r como si nada. Una
sonrisa amplia, exagerada, casi dolorosa, que parec铆a decir: “Estoy bien, de
verdad, no estoy llorando por dentro, solo se me ha metido un fracaso
sentimental en el ojo.” Caminaba entre la gente saludando a todos, como si
fuera el alma de la fiesta, aunque por dentro se sent铆a m谩s bien como el alma
de un contenedor de reciclaje. Cada vez que ve铆a a Berengaria re铆r con alguien,
Rumualdo sent铆a que su tri谩ngulo emocional se desmoronaba por un v茅rtice.
“Es injusto”, pensaba mientras
fing铆a bailar con entusiasmo.
“Ella lo tiene todo: amor,
cari帽o, amigos, una familia que no la quiere echar por la ventana… ¡y un gato
negro que la protege como si fuera su guardaespaldas felino! ¿Y yo qu茅 tengo?
Una chaqueta de terciopelo sint茅tico y un globo con forma de pepino que se me
escap贸.”
Se apoy贸 en la farola —la misma
que ya hab铆a intentado apagarse para no tener contacto con 茅l— y sac贸 el m贸vil.
Abri贸 todas las apps de citas que ten铆a instaladas: AmorExpress,
ParejaEn3Pasos, Triangulove, Cart贸nMatch. Nada. Ni una coincidencia. Ni un
“hola”. Ni un bot ruso.
Pero Rumualdo no se rend铆a. Imaginaba
encontrar a su pareja ideal, pasearse con ella por delante de Berengaria y
decirle con la mirada:
“Mira lo que te has perdido,
insensata. Un hombre, un hombre‑tri谩ngulo. Un v茅rtice emocional.”
Estaba tan absorto en su
fantas铆a que no vio venir a Elba Zurita Tirado, que apareci贸 como un torbellino
con un vestido de lentejuelas rosas y perfume de “rosa con ambiciones”.
—¡Rumualdo! —le grit贸 mientras
lo agarraba del brazo—. ¡Deja ese m贸vil, que pareces un cactus triste mirando
el desierto!
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Escrito por Kreativa77 - YKBR / serie blog - 2026 / Prohibida su reproducci贸n sin previo permiso del autor.