🌸Lema🌸

🌀 Aquí nadie sobra, todos somos parte del círculo.

🛋️ La historia del hombre del sofá (entrega 3)

Y sin pedir permiso, lo arrastró a la pista de baile justo cuando el DJ S.O.S. puso una balada romántica titulada “Amor condensado sabor a nubes”, una canción tan empalagosa que podía provocar diabetes auditiva.

Elba lo abrazó con entusiasmo. Rumualdo, sin embargo, tenía la mirada fija en otra parte. Porque allí, a pocos metros, Berengaria bailaba con Modesto, a quién él le había puesto de alias "El Madero", dueño de la carpintería más grande del barrio y con bíceps capaces de partir un tronco o un corazón, según la ocasión. 

Rumualdo sintió cómo su triángulo emocional se convertía en un trapecio de frustración. Y entonces, en un acto de desesperación romántica mezclada con estupidez espontánea, agarró a Elba y le plantó un beso. Un beso torpe, inesperado, y con sabor a churro frío.

 Elba se quedó paralizada. Sus ojos brillaban. Su corazón latía como si hubiera ganado la lotería emocional.

 ¡Ay, Rumualdo! —susurró, temblando—. ¡Por fin te has dado cuenta de lo que sientes por mí!

Pero Rumualdo no escuchaba.  Seguía mirando a Berengaria, que ni se había enterado del beso porque Modesto la giraba como si fuera una tabla recién barnizada.

Mientras tanto, la pista estaba llena: Chazca bailaba con su pareja, un asesor financiero mundial que movía las caderas como si estuviera calculando impuestos.  Macuni giraba feliz con Alan, que parecía no saber si estaba bailando o esquivando mosquitos. Débora se dejaba llevar por Vittorino, que bailaba como si hubiera nacido en un videoclip.  Gumersindo y Cruzilda, inseparables desde que él le regaló un llavero con forma de alcachofa, se movían al ritmo de su propio universo. Rodomiro y Dolores, los padres de Berengaria, lucían trajes a juego tejidos por ella misma, con un patrón que solo podía describirse como “psicodelia rural”.  Doña Clotilde, la cotilla oficial del barrio, bailaba con Virgilio, el cobrador de rentas, que movía los pies como si estuviera persiguiendo a un moroso. La canción seguía sonando, dulce y pegajosa, mientras Rumualdo, con Elba colgada del cuello como un koala enamorado, pensaba: 

“Algún día Berengaria se dará cuenta de lo que ha perdido… aunque ahora mismo no sé ni lo que soy. ¿Un hombre? ¿Un triángulo? ¿Un posavasos emocional?”

 Y así, entre luces parpadeantes, besos mal dirigidos y frustraciones geométricas, la fiesta continuó.

Elba Zurita Tirado seguía abrazada a Rumualdo como si fuera un tronco en medio del océano emocional. Tenía los ojos brillantes, las mejillas encendidas y el corazón latiendo como si hubiera ingerido tres cafés y una ilusión peligrosa. Mientras tanto, Rumualdo bailaba con la misma coordinación que un flamenco borracho intentando hacer claqué. Pero lo peor no era eso. Lo peor era que no la miraba a ella. Ni una vez. Ni por error. Ni por accidente. Ni siquiera cuando Elba le pisó el pie sin querer (o queriendo, nunca se sabrá).

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🛋️ #todoslosjueves #juevesdelsofá #hombredelsofá

Escrito por Kreativa77 - YKBR / serie blog - 2026 / Prohibida su reproducción sin previo permiso del autor.

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