Rumualdo ten铆a la mirada fija en Berengaria, como un sat茅lite emocional orbitando alrededor de un planeta que no lo quiere ni como luna decorativa.
Elba, que ten铆a un radar emocional m谩s fino que el de Do帽a Clotilde cuando huele un chisme, empez贸 a notar algo raro.
—Rumualdito… —susurr贸, con voz dulce pero con un filo que podr铆a cortar acero—. ¿Ese beso fue por m铆… o por despecho? Rumualdo abri贸 la boca. El DJ S.O.S., sin querer, baj贸 el volumen justo en ese instante. El universo entero conspir贸 para que se escuchara la respuesta.
—Eh… ¿despecho cuenta como cari帽o?
Silencio. Un silencio tan profundo que hasta los churros dejaron de burbujear. Elba parpade贸. Una vez. Dos veces. Tres veces, como si estuviera reiniciando el sistema operativo de su dignidad. Luego sonri贸. Una sonrisa fina, elegante, peligrosa. La sonrisa de una mujer que est谩 a punto de cometer un acto pedag贸gico.
—Rumualdo —dijo con voz suave, casi maternal—. Eres m谩s inestable que un taburete cojo en un terremoto. Y m谩s tonto que un zapato sin cordones.
Y acto seguido, con la precisi贸n de una bailarina vengativa, le pis贸 el pie con toda su alma. Un pisot贸n que reson贸 en el barrio como un gong de justicia divina. Rumualdo grit贸. Elba se fue.
Y el DJ S.O.S. anunci贸 por el micr贸fono:
— ¡Punto para Elba Zurita Tirado! ¡La dignidad gana por KO t茅cnico!
Arriba en los tejados de los portales, Don Bigotes, el gato negro de Berengaria, era conocido por tres cosas:
1. Su elegancia natural.
2. Su capacidad para juzgar a los humanos sin decir una palabra.
3. Su habilidad para aparecer justo cuando alguien hac铆a el rid铆culo.
Y esa noche, Rumualdo estaba haciendo el rid铆culo con tanta dedicaci贸n que Don Bigotes sinti贸 que era su deber intervenir. Salt贸 del muro con la gracia de un ninja felino y se plant贸 frente a Rumualdo. Se sent贸. Lo mir贸. Lo analiz贸. Lo despreci贸. Rumualdo trag贸 saliva. El gato no parpade贸. Rumualdo dio un paso atr谩s. El gato dio un paso adelante. Rumualdo dio tres pasos atr谩s. El gato bostez贸, como diciendo: “Ni para enemigo sirves, criatura.” Luego maull贸. Un maullido grave, profundo, lleno de juicio moral.
Traducci贸n aproximada: “Si vuelves a besar a otra delante de mi humana, te convierto en alfombra.”
Rumualdo, que no hablaba idioma felino pero s铆 entend铆a las amenazas universales, asinti贸 con la cabeza y retrocedi贸 hasta chocar con la farola, que volvi贸 a apagarse por verg眉enza ajena.
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