🌸Lema🌸

🌀 Aquí nadie sobra, todos somos parte del círculo.

🛋️La Historia...

La Fiesta del Barrio de los 9 Portales estaba tan animada que hasta las farolas parecían bailar, aunque probablemente era solo que el electricista había conectado los cables como si jugara al Twister con voltios. Los vecinos iban y venían entre puestos de comida, música estridente y un castillo hinchable que llevaba tres horas intentando devorar a un niño sin éxito.

Y entonces apareció Rumualdo Mentecato Frío, emergiendo entre la multitud como un error de fábrica que nadie tuvo valor de devolver. Llevaba su chaqueta de terciopelo sintético, que brillaba como si hubiera sido confeccionada con la piel de un sofá barato y la dignidad perdida de un vendedor de enciclopedias. En una mano traía un globo con forma de pepino —nadie supo por qué— y en la otra, una servilleta donde había escrito su declaración amorosa. Con rotulador permanente. Y faltas de ortografía permanentes también. De pronto la vio. Berengaria, sola junto al puesto de churros, iluminada por una bombilla que parpadeaba como si estuviera tratando de advertirle: “Corre, muchacha. Corre como si te persiguiera un diccionario.”

Rumualdo sintió que era su momento. El universo, pensó él, le estaba diciendo: “Ve, Rumualdo. Ve y arrímate a alguien.”

Se acercó con su paso característico, ese que recuerda a un pato mareado intentando caminar sobre un teclado. Carraspeó como si fuera a recitar un poema épico y soltó:

—Berengaria… yo… mi oro peso vale porque es igual a base por altura dividido entre dos.

La frase cayó al suelo, rebotó dos veces y se quedó allí, agonizando. Berengaria lo miró con la misma expresión que tendría un científico al descubrir que su experimento ha cobrado vida y pide trabajo en la administración pública.
 
— ¿Me estás diciendo —dijo ella, con voz de bisturí emocional— que te valoras como el área de un triángulo?

Rumualdo sonrió, convencido de que estaba impresionándola. Era la sonrisa de alguien que cree que “hipotenusa” es un insulto elegante.
Berengaria suspiró. Un suspiro largo. Un suspiro que podría haber apagado velas en tres portales distintos.
 
—Rumualdo —dijo, con la solemnidad de quien va a sacrificar un pollo en honor a la cordura perdida.

Yo no voy a salir jamás con un triángulo emocionalmente inestable. Y menos aún con un gaznápiro que viene a declararse usando fórmulas geométricas de primaria.
Y entonces, con un gesto digno de una peluquera que ha visto demasiados flequillos mal cortados, hizo como si recortara el aire con unas tijeras invisibles.
 ¡Snip!✂
 
Rumualdo quedó simbólicamente recortado, plegado y archivado en la carpeta mental de Berengaria titulada: “Cosas que no deberían existir, pero aquí estamos.”
Desde el tejado, Don Bigotes maulló algo que sonó exactamente a: “Triángulo dice… ¡si no tiene ni vértices!”

Un grupo de vecinos se acercó a observar el fenómeno Rumualdo, como si fuera una instalación artística titulada: “Triángulo roto en su hábitat natural.”

El barrio entero siguió celebrando, ajeno al drama geométrico. Rumualdo, en cambio, se quedó allí, con su globo‑pepino y su servilleta‑manifiesto, intentando entender en qué momento de su vida se había convertido en un polígono emocional. 

Tras el corte verbal de Berengaria, Rumualdo quedó tan quieto que un turista despistado intentó usarlo como poste para atar su bicicleta. El globo‑pepino, sintiendo que era el único con dignidad en ese dúo, decidió escapar flotando hacia el cielo, no sin antes mirar a Rumualdo con pena, como diciendo: “Hermano, yo también he tomado malas decisiones, pero jamás tan malas.”


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Escrito por Kreativa77 - YKBR / serie el hombre del sofá - 2026 / Prohibida su reproducción sin previo permiso del autor.

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