Ella sonrió.
—Me encanta. Los hombres humildes me relajan. Me recuerdan que no todo el mundo puede ser millonario.
Rumualdo sintió que estaba enamorado. O hipnotizado. O confundido. O todo a la vez.
Benefecia sacó una tarjeta dorada. La puso sobre la mesa. La mesa tembló.
—Rumualdo —dijo ella—. Estoy buscando a alguien especial. Alguien que me acompañe en mis viajes. Alguien que entienda mi estilo de vida. Alguien que pueda… adaptarse.
— ¡Yo! —gritó él—. ¡Yo me adapto! ¡Me adapto a todo! ¡Soy flexible! ¡Soy un triángulo flexible!
—Perfecto —dijo ella—. Entonces mañana te presento a mi padre.
Rumualdo se desmayó. Literalmente. Cayó al suelo como una caja mal plegada.
El camarero suspiró.
—Otro día normal en este barrio.
El encuentro tuvo lugar en el hotel de cinco estrellas "Busado de Hesa – Sucursal de Lujo y Prepotencia", donde el padre de Benefecia, Don Honorio Bronca Segura, recibía a los pretendientes de su hija como quien evalúa ganado para subasta.Rumualdo llegó con su chaqueta de terciopelo sintético, pantalones beige a juego con una camisa y unos zapatos del mismo color de estilo náutico. Su semblante ese día era como si brillara bajo las lámparas de cristal y como si gritara: "¡Soy barato pero hago lo que puedo!"
Benefecia lo empujó hacia adelante.
—Papá, este es Rumualdo. Mi… figura geométrica actual.
Don Honorio lo miró de arriba abajo. Luego de abajo arriba. Luego de lado. Luego volvió a mirar a Benefecia.
— ¿Esto es un hombre o un proyecto de manualidades? —preguntó.
Rumualdo tragó saliva.
—Soy técnico en doblado de cajas —dijo, intentando sonar profesional.
— ¿Cajas? —repitió Don Honorio—. ¿De cartón?
—Sí, señor.
— ¿Y las doblas… cómo? ¿Con la mente?
—No, con las manos.
Don Honorio suspiró como quien recibe una mala noticia del banco.
—Benefecia, hija, ¿estás segura de que no te están estafando? —No, papá —respondió ella—. Él es… humilde.
—Humilde no —corrigió Don Honorio—. Esto es… minimalista emocional.
Rumualdo intentó defenderse.
—Tengo una bicicleta, una tienda que es de mi tía, Cartones Glup, un pisapapeles...
— ¿Y qué más? —preguntó Don Honorio.
—Una chaqueta de terciopelo sintético.
El padre se llevó la mano a la frente.
—Hija, ¿estás segura de que no prefieres volver con tu ex, el que tenía un yate?
—Papá, ese era un narco.
— ¡Pero tenía un yate!
Rumualdo levantó la mano tímidamente.
—Yo puedo aprender a navegar.
Don Honorio lo miró como si hubiera dicho: "Puedo pilotar un cohete con un manual de Ikea".
—Rumualdo —dijo el padre, con tono solemne—. ¿Qué puedes ofrecerle a mi hija?
Rumualdo pensó. Pensó mucho. Pensó tanto que casi se le derritió una neurona.
—Puedo ofrecerle… amor de triángulo.
Silencio. Un silencio tan profundo que hasta el aire se sintió incómodo.
Don Honorio se levantó.
—Hija, si te casas con él, yo no pago la boda.
Benefecia suspiró.
—Papá, no quiero casarme. Solo quiero… entretenerme.
Rumualdo sonrió, sin entender nada.
Don Honorio murmuró:
—Pues entretente, hija. Pero que no toque nada caro.
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Elba estaba en el bar Facundo Vicio, bebiendo un refresco con la intensidad de quien bebe gasolina emocional. Cuando vio entrar —por segunda vez— a Rumualdo con Benefecia, algo dentro de ella se rompió. Algo profundo. Algo que sonó como un "crack" emocional.
—¿Esa quién es? —preguntó Elba a Macuni.
—Benefecia Bronca Segura —respondió Macuni—. Una antigua persona del barrio. Rica. Guapa. Elegante. Y peligrosa.
Elba apretó los dientes.
—¿Peligrosa por qué?
—Porque tiene dinero —dijo Macuni—. Y la gente con dinero siempre trae problemas.
mas en los próximos capítulos
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Escrito por Kreativa77 - YKBR / serie CK- 2026 / Prohibida su reproducción sin previo permiso del autor.
