La semana después del desastre geométrico de Rumualdo fue una montaña rusa emocional para él. Pasó por todas las fases del duelo:
- Negación: “Berengaria seguro
que se equivocó al decir que sí.”
- Ira: “¡Ese Modesto solo sabe
lijar madera!”
- Negociación: “Si me pongo
recto, igual dejo de ser triángulo.”
- Depresión: “Ni el globo‑pepino
me quiere.”
- Aceptación: “Voy a buscar novia en una app, total, qué más da.”
Y así, con la dignidad hecha
puré, abrió Triangulove. Después de deslizar a la izquierda a 42 perfiles (incluyendo uno que era claramente un maniquí), apareció ella: Benefecia
Bronca Segura
La foto parecía sacada de una
revista de lujo: Gafas enormes, labios rojos, abrigo de piel sintética que
gritaba "soy real pero soy cara", y un fondo que parecía un aeropuerto
privado.
Su biografía era aún mejor: "Viajera.
Empresaria. Dueña de dos coches de lujo. Hija del director de la cadena
hotelera "Busado de Hesa". Tengo un avión. Me gustan los hombres con alma…
y con paciencia."
Rumualdo no leyó lo del alma.
Ni lo de la paciencia. Ni lo de viajar.
Solo leyó:
- coches de lujo
- avión
- hija de director
- hotelera
- lujo
- avión otra vez
Su corazón hizo tilín.
Su cerebro hizo tilín. Su cuenta bancaria hizo tilín aunque
estaba a cero.
— ¡Me ha tocado la bonoloto
emocional! —gritó, levantando los brazos como si hubiera marcado un gol.
Y entonces… hicieron match. Rumualdo casi se
desmaya.
Quedaron en el bar Facundo Vicio, porque Rumualdo quería impresionar, pero no tanto como para pagar algo caro.
Benefecia llegó con un abrigo
que parecía haber sido tejido por un diseñador que odiaba la sutileza. Su
perfume llenó el bar. Literalmente. Un anciano que estaba tomando café empezó a
llorar porque le picaban los ojos.
—Hola, Rumualdo —dijo ella, quitándose las gafas con un gesto dramático—. Me encanta tu… ¿Cómo lo llamas? ¿Geometría emocional?
Rumualdo se puso rojo.
—Soy un triángulo —respondió,
orgulloso—. Un triángulo emocionalmente inestable.
Rumualdo no sabía si eso era
bueno o malo, pero sonrió igual.
—No —respondió ella—. Yo no
tomo nada que no venga en botella de cristal soplado por monjes tibetanos.
— ¿Y… qué te traigo?
—Agua del grifo —dijo ella—.
Pero que sea fría. Muy fría. Fría como mi infancia.
Rumualdo fue a pedirla. El
camarero lo miró con pena.
— ¿Otra vez tú? —preguntó—. ¿Y
ahora qué has hecho?
—Nada —respondió Rumualdo—.
Estoy en una cita.
— ¿Seguro que no te está
estafando? —susurró.
— ¡No! —dijo Rumualdo—. ¡Es
rica! ¡Tiene un avión!
El camarero suspiró.
—Pues que te lleve volando,
hijo, porque aquí no vas a levantar cabeza.
—Perdona —dijo ella—. Estaba
hablando con mi padre. Quiere saber si tu familia tiene propiedades.
Rumualdo se atragantó con su propia saliva.
— ¿Propiedades? —Sí —respondió
ella—. Casas, terrenos, empresas, barcos, islas privadas… lo normal.
—Tengo… una bicicleta —dijo él.
— ¿Y qué más?
—Una chaqueta de terciopelo
sintético.
—Bueno, algo es algo. ¿Y qué
haces en la vida?
—Doblo cajas de cartón
—respondió él, orgulloso.
Benefecia parpadeó. Una vez.
Dos veces. Tres veces.
— ¿Eso es… una metáfora?
—No —dijo Rumualdo—. Es
literal.
continuará
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Escrito por Kreativa77 - YKBR / serie CK- 2026 / Prohibida su reproducción sin previo permiso del autor.
