Cruzilda Cruz Parada vivía en un mundo pequeño, ordenado y predecible. Cada mañana se levantaba a la misma hora, tomaba el mismo café y caminaba hacia el Supermercado El Carrito del Destino, donde trabajaba como cajera junto a Alan. Su vida era una línea recta sin desvíos, una sucesión de días idénticos que ella aceptaba sin cuestionar. Llevaba tres décadas de relación con Gomersindo, un hombre al que amaba con la serenidad de quien no conoce otra forma de querer. Para ella, la estabilidad era suficiente, aunque no supiera lo que ocurría cuando él no estaba a su lado.
Gomersindo, sin embargo, llevaba una vida paralela que Cruzilda desconocía por completo. Mientras ella trabajaba, él se dedicaba a enamorar chicas adineradas junto a Rumualdo, moviéndose por la ciudad como un seductor improvisado. Cruzilda jamás sospechó nada; confiaba en él con una inocencia casi infantil. Para ella, su novio era un hombre sencillo, cariñoso y fiel. Nunca imaginó que sus tardes estaban llenas de engaños y promesas vacías a otras mujeres.
Cuando Cruzilda y Gomersindo quedaban, su rutina era siempre la misma: dar vueltas por el barrio, caminar sin rumbo fijo y detenerse en la cafetería del complejo deportivo para tomar un café. Allí se miraban como dos tortolitos, repitiendo gestos y palabras que llevaban años compartiendo. Para Cruzilda, esos momentos eran el centro de su vida, pequeñas islas de tranquilidad en un mar de monotonía. No necesitaba más; o al menos, eso creía.
En el supermercado, Cruzilda era amable y eficiente. Saludaba a los clientes con una sonrisa tímida y mantenía conversaciones cortas sobre el clima o las ofertas del día. Alan, su compañero, a veces la observaba con cierta envidia: ella parecía vivir sin complicaciones, sin rencores, sin heridas abiertas. Pero lo que Alan no sabía era que Cruzilda vivía en una burbuja tan frágil que cualquier verdad podría romperla en mil pedazos.
Aun así, Cruzilda seguía adelante, convencida de que su vida era exactamente como debía ser. No imaginaba que el mundo a su alrededor estaba lleno de secretos que la involucraban sin que ella lo supiera. Y mientras caminaba del trabajo a casa y de casa al trabajo, mantenía intacta su fe en Gomersindo, sin sospechar que su historia estaba a punto de cambiar para siempre.
🧣 “La rutina también es un refugio, aunque a veces se convierta en una jaula sin barrotes.”
🧠 Zonza: es un término que significa tonta, ingenua o de entendimiento lento. Se aplica a alguien que no capta las cosas con rapidez o que se deja llevar sin cuestionar. Tiene un matiz suave, más cercano a la inocencia o la simpleza que a la estupidez ofensiva.
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Escrito por Kreativa77 - YKBR / serie el hombre del sofá 2025 - 2026 / Prohibida su reproducción sin previo permiso del autor.
