🟠
Rodomiro Rompe Cabezas y el viernes que duró una semana
Rodomiro se levantó un viernes convencido de que era sábado. El sol tenía la textura de los jueves, pero él no lo notó. Se duchó sin saberlo, desayunó sin hambre, y se puso a leer una pregunta sin respuesta que había llegado el jueves anterior. Desde ese momento, no volvió a dormir. No por insomnio, sino por omisión. Simplemente, no se le ocurrió.
Durante siete días seguidos, Rodomiro vivió como si el tiempo fuera un solo día largo y confuso. Le extrañó no tropezarse con Dolores ni con Berengaria, pero lo atribuyó a una reorganización doméstica. No se preguntó por qué aparecía duchado cada mañana, ni por qué el café sabía distinto. Ignoró que ellas sí dormían, y que él no. Lo único constante era Don Bigote, el gato, que parecía estar en todas partes, como una coma silenciosa entre los eventos.La mesita del salón, de madera clara con patas que parecían bailarinas cansadas, apareció vacía. Los libros habían desaparecido. Berengaria los había llevado a la biblioteca, pero Rodomiro pensó que se habían evaporado por aburrimiento.Don Bigote estuvo presente cuando:
- La cafetera, una reliquia cromada con alma de saxofón, se cayó al suelo tras un suspiro eléctrico. Rodomiro la recogió sin recordar haberla usado.
- Las tazas de té de su boda, de porcelana con bordes dorados y frases grabadas como “Sí, pero con azúcar”, rodaron por toda la cocina como si celebraran una fuga nupcial.
- Una gaviota, con mirada de ladrona profesional, entró por la ventana y robó un pastel de manzana que nadie había horneado. El pastel estaba en el alféizar, tibio y perfumado, como si lo hubiera dejado una abuela invisible.
- La cortina del salón, de lino azul con bordado de constelaciones, se soltó de la barra, una vara de hierro forjado que siempre había murmurado sobre gravedad y abandono.
Rodomiro anotó todo en servilletas que luego olvidaba. Cada evento le parecía un eco de algo que no había ocurrido aún. Don Bigote lo observaba desde distintos ángulos, como si fuera el director de una obra sin guión. El gato nunca dormía cuando Rodomiro estaba despierto, y nunca estaba ausente cuando algo se caía, rodaba, desaparecía o se soltaba.El viernes siguiente, Rodomiro se acostó pensando que era sábado. Se sintió extrañamente limpio, como si se hubiera duchado por dentro. Dolores tejía una bufanda que decía: “Quien no se deshilacha, no se transforma”, mientras Berengaria había encontrado una nueva palabra en el ticket de compra: Acecinar. Rodomiro la leyó en voz alta y el sofá murmuró: “Eso explica el olor a tiempo curado”.
🧣 Quien no se deshilacha, no se transforma
🧠Acecinar: Acto de salar las carnes y ponerlas al aire. Acción de convertir un producto cárnico en cecina.
💡#todoslosjueves #DonBigoteSiempreEstá #LaSemanaInvisibleDeRodomiro
Escrito por Kreativa77 - YKBR / serie jueves del sofá 2025 / Prohibida su reproducción sin previo permiso del autor.
