Silencios que comunican: nuevas formas de estar en contacto
Me encontré un tema certero en una plataforma, una conversación entre amigas, donde todas coincidían en algo curioso: sus hijos, ya casi adultos, se comunican de formas que las desconciertan. Llamar sin avisar se considera una intromisión, responder de inmediato ya no es la norma, y el silencio ha dejado de ser incómodo para convertirse en una forma legítima de autocuidado.
¿Nos cuesta entenderlo? Sí. ¿Es falta de educación? No necesariamente.
Para ell@s, una llamada sin previo aviso puede sentirse como una invasión. No porque no quieran hablar, sino porque necesitan preparar el espacio emocional para hacerlo. En su mundo, saturado de estímulos, el silencio no es ausencia, es autocuidado. La respuesta inmediata ya no es la norma, y los mensajes se retoman cuando hay claridad, tiempo o ganas. Las conversaciones se alargan, se interrumpen, se transforman en hilos que se tejen a lo largo de los días.
Y aunque a veces nos parezca que se pierde cercanía, también se gana en autenticidad. Porque responder cuando se puede, cuando se quiere, cuando se tiene algo que decir, es también una forma de respeto. De respeto hacia uno mismo y hacia el otro.
Zygmunt Bauman lo anticipó: vivimos en una sociedad líquida, donde los vínculos se reconfiguran constantemente. En este contexto, las normas de comunicación también cambian. Ahora se avisa antes de llamar, se envían memes para reforzar lazos, se acepta que una conversación pueda durar días. Lo importante no es la inmediatez, sino la intención.
Y aquí viene lo esencial: no se trata de falta de educación, sino de otra forma de estar. Una forma que prioriza el consentimiento, la gestión emocional y la fluidez. Una forma que nos invita a revisar nuestras propias expectativas y a abrir espacio al diálogo entre generaciones.
Quizá el reto no está en que ell@s cambien, sino en que nosotras aprendamos a leer esos nuevos códigos. A entender que detrás de un silencio puede haber cuidado, que un meme puede ser un abrazo, que una respuesta tardía no es desinterés, sino pausa consciente.
¿Y tú? ¿Has notado estos cambios en tu entorno? ¿Te cuesta adaptarte o los vives como una oportunidad para aprender nuevas formas de vincularte?
Porque al final, todos buscamos lo mismo: sentirnos escuchados, respetados y cerca, aunque el cómo haya cambiado.
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