Origen e historia del Samuín cántabro
El Samuín (del gaélico Samhain, “fin del verano”) es una festividad ancestral que marca el final de la cosecha y el inicio de la estación oscura.
Tiene más de 2.500 años de antigüedad y está influenciada por culturas del Arco Atlántico Europeo: Irlanda, Escocia, Bretaña, Galicia, Asturias y Cantabria.
Fue cristianizada como el Día de Todos los Santos, pero en Cantabria se ha mantenido con elementos propios, como la Nochi los Dijuntos.
Leyendas cántabras asociadas
La Guajona: criatura mitológica que entra en casas donde duermen niños sanos para chuparles la sangre con su único diente negro y afilado.
La Güeste: procesión de almas en pena que deambula por las calles con huesos encendidos y mortajas. Si alguien los miraba, pasaba a formar parte de la procesión.
Se cree que esa noche los espíritus caminan entre los vivos, buscando completar su tránsito hacia el otro mundo.
Qué se hace ese día
Magosta: reunión familiar donde se asan castañas al fuego, se bebe vino y se cuentan historias de miedo.
Talla de calabazas: especialmente del tipo “verrugón”, con formas de calaveras. Se colocan velas dentro y se sitúan en ventanas o puertas para guiar a los espíritus.
Desfiles: algunas localidades recrean la Güeste, con participantes disfrazados de almas en pena.
Decoración espeluznante: máscaras, hogueras, comida dejada fuera, elementos que ahuyentan o invitan a los espíritus.
Comidas tradicionales
Castañas asadas: símbolo de la Magosta, alimento cálido y otoñal.
Soul cakes: pequeños bizcochos especiados con canela, nuez moscada y jengibre. Se ofrecían a los difuntos o se repartían a niños que rezaban por las almas.
Barmbrack: pan irlandés con frutas secas y especias, que incluye objetos simbólicos (anillo, moneda, guisante) para adivinación.
Apple fritters: buñuelos de manzana, símbolo de sabiduría y conexión con el Otro Mundo.
Crema de boniato especiada: cálida y aromática, ideal para noches frías. Se acompaña con especias como clavo, pimienta y canela.
Estofados de raíz: con zanahoria, nabo, cebolla, y calabaza. Se cocinan lentamente y se sirven en cenas silenciosas para honrar a los ancestros.
Sopa de cebolla y ajo: protectora y purificadora, se cree que ahuyenta espíritus malignos.
Comida dejada fuera: como ofrenda a los espíritus, en forma de pan, fruta o dulces.
Frutas y ofrendas
Manzanas: usadas en rituales de adivinación y como símbolo de fertilidad y sabiduría.
Avellanas: asociadas a la inspiración y el conocimiento druídico.
Frutas secas y nueces: como ofrenda en altares o platos compartidos.
Bebidas
Sidra caliente especiada: con clavo, canela y piel de naranja.
Infusiones de hierbas: como salvia, romero o lavanda, para conectar con lo espiritual.
Zumos de frutas: de manzana, de higo, de calabaza, leche de coco, para los más pequeños.
Adornos y ambientación
Calabazas talladas con velas dentro.
Sábanas blancas, mortajas, huesos encendidos.
Hogueras, luces tenues, elementos naturales como hojas secas, ramas y frutos del bosque.
Música otoñal, danzas celtas, ideal para ambientar paseos nocturnos.